viernes, 25 de noviembre de 2011

UN PEQUEÑO RELATO 11...TIC...TAC...TIC...TAC...








Tic...tac...tic...tac...tic...tac...

Hector caminaba por la acera, entre la multitud. Estaba atardeciendo en la ciudad y le producía un extraño placer observar el encendido de las farolas...en ese momento en que la oscuridad parece querer arrebatar a las nubes rojizas del cielo, su color, su vida.

En un momento de distracción notó como alguien le introducía la mano en el abrigo, con un gesto rápido quiso atraparla con la suya, girándose a la vez...Se encontró con la mirada enigmática de un hombre, enmarcada en una cara demacrada y sudorosa; que susurrando le dijo  -"Es tuyo. eres el ELEGIDO"...-E inmediatamente echo a correr a toda prisa.

Hector ahí parado en  mitad de la acera introdujo su mano en el bolsillo y encontró un reloj. Durante largos segundos permaneció así, totalmente inmóvil; observando el reloj en su mano. Intentaba encontrar una explicación para lo sucedido, pero no fue así.

Ya en la tranquilidad de su casa, sacó el reloj. Estaba parado. Intentó ponerlo en marcha dándole cuerda...Y nada. El reloj era plateado y tenía un precioso dibujo grabado en su carcasa. Parecía un trabajo realizado por unas manos expertas...unas manos únicas. Lo cerró y decidió que al día siguiente lo llevaría a un relojero.

Puso el reloj en su mesilla de noche y se acostó a dormir. Entre sueños volvió a ver al hombre que se lo había dado...Podía ver su mirada una y otra vez...Una voz lejana repetía sin parar...- No dejes que se pare, no dejes que se pare -

Tic...tac...tic...tac...tic...tac...

El sonido martilleante de las manecillas de un reloj sonaban una y otra vez dentro de su cabeza...De un salto se sentó en la cama, empapado totalmente de sudor..El corazón parecía querer salírsele del pecho.Con  mano temblorosa encendió la lamparita y su mirada se quedó fija en el reloj que estaba en la mesilla. Lo cogió y al abrir la tapa vio que estaba en marcha...

Tic...tac...tic...tac...tic...tac...

Quince días después, Hector estaba totalmente sumido en una espiral psicótica. Ya no distinguía el día de la noche. Las pesadillas habían continuado in crescendo...Totalmente absorbido por el reloj...Su habitación estaba abarrotada por despertadores que sonaban cada dos minutos alternativamente, para no quedarse dormido y así evitar que el reloj se parara...

No comía, había dejado de trabajar, no salía...ni perdía el tiempo en ducharse...Estaba totalmente consumido, obsesionado porque las manecillas de ese reloj no se pararan. En su delirio sentía que si lo hacían, moriría de la manera más atroz...

El alba le sorprendió sentado en una silla de la cocina. Su cuerpo se agitaba entre sollozos y desesperación. Tenía la camiseta sucia totalmente pegada al cuerpo. Respiraba agitadamente, su mirada errática de repente se fijó en un punto indeterminado...y empezó a reír a carcajadas, lloraba y reía sin control...Giró la cabeza hacía la ventana y sin dudarlo se puso de pie y corrió hacía ella...ni siquiera la abrió...traspasó el cristal.

Un golpe seco le dio la paz...Ya en el suelo por una acto reflejo se abrió su mano...dejando a la luz...el reloj. 

Los transeúntes se paraban alrededor de él en circulo observando la macabra imagen. Al mirar el cadáver,   lo más asombroso era..la sonrisa de felicidad que le dominaba el desfigurado rostro.

En un descuido una mano anónima le cogió el reloj...La sombra del desconocido se alargó sobre el cuerpo inerte de Héctor, al ponerse de pie...Con rapidez lo guardó en su bolsillo y se marchó de allí tranquilamente...

Tic...tac...tic...tac...tic...tac...

martes, 22 de noviembre de 2011

UN PEQUEÑO RELATO. 10...MUNDO PERFECTO.









En un mundo perfecto...creado entre los dos. Sí...en un mundo perfecto.

Las aguas cristalinas emergían como espejo a los pies de su pequeña cabaña. Su vida parecía grabada en ella a golpe de pequeñas cinceladas sobre hielo azul,  como reflejo.

Ana y Jose decidieron un día alejarse de todo...Encontraron un precioso rincón entre montañas, buscando el sueño de poder vivir su amor.

Casi con sus propias manos construyeron su pequeña cabaña...Cada amanecer, los primeros rayos de sol se introducían, a través del cristal de la ventana, entre ellos dos; en su cama. Ana, se giraba en ese momento único para poder mirar a Jose...y  así en silencio, observándolo dormir, casi sin querer pestañear para no romper el momento; podía respirar su amor.

Le sorprendía tanta felicidad. No tenían nada que ver, el uno con el otro. Pero por alguna razón inexplicable era tan poderosa esa atracción que no necesitaban nada más.

Esa madrugada había nevado. Ana se levantó y encendió la chimenea. Jose como muchas otras veces se había levantado más temprano para ir a pescar...Se puso la bata y se dirigió a la cocina para preparar café. Con la taza de café ya en la mano se asomó a la ventana...

Un manto blanco se había apoderado del paisaje, hasta donde llegaba su vista...Sus pupilas se pararon en una imagen en el centro del lago...Se podía ver nítidamente la barca de Jose...vacía. Una punzada de temor le recorrió el pecho...Sólo el sonido de la taza al romperse en mil pedazos en el suelo, la devolvió a la realidad...

Se puso la chaqueta y las botas en un segundo, cogió el móvil y salió corriendo al exterior. Al abrir la puerta  el aire helado le cortó la respiración por un momento. Corría y marcaba a la vez pidiendo auxilio, sin parar de llamar a Jose...

Los ecos de sus gritos entre las montañas parecían jugarle una macabra repetición de su propia angustia...

En ese instante pudo empezar a oír el sonido de las aspas del helicóptero de rescate...Tras doce horas de búsqueda infructuosa el caso se dio por cerrado. El condicionante no era otro que una tormenta con ventisca...

Ana se quedó congelada en el  tiempo...No era capaz de marcharse de allí...Tenía la sensación de que Jose se había quedado atrapado en el hielo, como si fuese su propia tumba de cristal...para siempre. 


Un mes después...A quinientos kilómetros de allí...en una carretera cualquiera se produjo un accidente múltiple...En uno de los coches implicados, entre los hierros retorcidos y el humo, yacía Jose...junto a su mujer.




martes, 15 de noviembre de 2011

UN PEQUEÑO RELATO.9. ESCALOFRIO...





Un pequeño destello apenas imperceptible en la bulliciosa noche de la ciudad, permitió por un segundo que  escasamente se vislumbraran las bellas facciones de Isabella.

Allí, casi oculta en aquel pequeño portal, encendió su cigarrillo intentando no perder la paciencia. Entre bocanada y bocanada de humo, la pequeña luz intermitente de cada calada daba la sensación de hacer pequeñas sombras chinas sobre sus labios.

Una fina llovizna embargaba la atmósfera, creando un halo mágico alrededor de cada faro de cada coche que pasaba de largo ignorando su presencia.

Isabella cogió con verdadero sigilo su Canon Eos 7D.  No estaba dispuesta a perder otra vez la oportunidad de poder hacer por fin la fotografía que necesitaba. Con un gesto rápido tiró el cigarrillo y lo pisó. Se subió el cuello de la chaqueta y se apretó el cinturón, antes de acercarse la cámara a los ojos y empezar a disparar.

Al otro lado de  la calle, ajenos a todo, estaba cenando una pareja en una mesa próxima a la ventana. Los pequeños visillos apenas hacían su papel. Se podía distinguir perfectamente el interior. Isabella enfocó el rostro del hombre en cuestión y, por un instante, se quedó paralizada.

En su interior se arremolinaron todo tipo de emociones.

Trabajaba para una de las compañías de seguros más importantes. En concreto, verificaba la autenticidad de todos los casos antes de que fueran cerrados. Y este caso solo había sido uno más… hasta ese momento.

De nuevo, palpó su bolsillo nerviosamente buscando un cigarrillo. Su respiración entrecortada provocaba que el simple hecho de tomar aire, la hiciera sudar.
Un escalofrío recorrió su espalda, mientras una frase martilleaba una y otra vez su mente…
“No puede ser… ¡Es imposible!”

Con la fragilidad del cristal, sintió cómo su corazón empezaba a resquebrajarse. Cerró los ojos con fuerza apoyándose contra la puerta, sin poder contener el sollozo que emergía de su garganta.

“¡Era Ángel! ¡Ángel! ¡Ángel!”

Se repetía una y otra vez como una cascada sin fin.

Sin poder controlar sus nervios, comprobó de nuevo en la pequeña pantalla la fotografía y allí lo podía ver sonriendo y feliz.

No hacía más de un mes que había empezado a trabajar de nuevo, después de permanecer ocho años retirada completamente del mundo, de la vida. Había perdido a su pareja en un accidente laboral y esto la sumió en una profunda depresión.

Ángel lo había sido todo para ella. Así que cuando falleció, Isabella también quiso dejar de existir y casi, casi, lo consiguió.

Suspiró unos minutos antes de tomar una decisión.

Sin pensárselo, cruzó la calle todo lo rápido que le permitían sus pies para acercarse hasta la ventana y empezó a golpear con sus manos sobre el cristal con desesperación.

La llovizna empapaba su pelo y se deslizaba sobre sus pestañas formando pequeños surcos negros desdibujados sobre sus mejillas.

En el interior de un coche aparcado en la acera de enfrente, Miguel, que estaba esperando a su novia, sintió tristeza al observar a una mujer tan joven y bella, darle golpes a un cristal de un negocio cerrado y casi en ruinas.



Beatriz Cáceres.

martes, 8 de noviembre de 2011

MI CAI...MI CAI.









Del mar del olvido...
me sacuden gotas de recuerdo.

Palpitantes...vivas,
llenitas de un aire especial,
cuajado de olores de azahares.

Con ecos plenos de risas infantiles,
entre callejuelas empedradas,
con aires susurrantes del sur.

Suaves, capaces de envolverme...
el corazón.

Entre unas manos capaces
de moverse como abanicos.

Abiertas sobre cielo azul,
moviéndose como alas de gaviota
al son de una guitarra única.

Mi Cai...mi Cai...

Con sonidos de caracolas,
entre volantes de sangre viva...

Me atrapa...mi tierra.