domingo, 6 de octubre de 2013

UN PEQUEÑO RELATO 23...Y DE REPENTE...UN EXTRAÑO.



FOTO: SANDRA SELVA




La vida surca su recorrido entre un mar de sombrillas. Cada una recoge en el interior de su corola como si de una flor se tratara, la esencia de mil y una historias; que llegando el anochecer al replegar sus figurados pétalos de tela, son capaces de encerrar la luz de las almas en forma de luciérnagas.


"Ante ella, en una mesa pulcramente limpia, se extienden los papeles. El abogado con voz totalmente monótona le explica detalladamente los pormenores del acuerdo al que se ha llegado al fin.
Pero Marta no es capaz de prestarle atención. El latido de su corazón suena demasiado fuerte en su interior, como si de un timbal se tratara.

...Su mirada está fijada en los papeles...

Parpadeo

...Su mirada directamente clavada en los ojos de  su interlocutor...

Parpadeo

Tan suave como batir ala de mariposa. Su intención no es la de conservar la imagen nítida en su memoria, todo lo contrario, cada parpadeo involuntario busca poder borrarla, como si al abrir los ojos esperara encontrarse perdida en otro horizonte.

-Cálmate. Ya casi  está .- se dice una y otra vez, intentando mantener la compostura. Hasta en su interior su voz le suena temblorosa, como si no llegara a querer creerse lo que estaba pasando.

En ese momento con un simple gesto, el abogado le señala con el dedo el lugar exacto donde ella tiene que firmar.

Marta sujeta firme el bolígrafo, es consciente de que tan sólo dieciocho letras la separan de la libertad. Son las letras de su nombre...

El surco de la primera letra comienza a dejar su propia sombra en el papel...M...

-No más heridas sin dejar huella sobre la piel. Las más profundas son las que no dejan más que una purpúrea mancha en forma de flor, cargada de veneno entre sus pétalos.

Marta empieza a sonreír tímidamente...empieza a escribir la primera letra de su primer apellido...S...

-No más rejas invisibles capaces de dejarte casi sin respiración. No hacen falta muros para sentirse encarcelada, como si tus propias alas sucumbieran a la fuerza inexistente del alambre de espino.

Sin darse cuenta cada vez está más erguida sobre su silla, casi no siente la presión de sus dedos sobre el bolígrafo...Cinco letras y se acabó...

-No más sensación de fracaso, cuando tienes todo en tus manos para ser capaz de conseguirlo. Se acabó el poder de esa voz escupiendo palabras capaces de despojarte capa a capa de tu  propio ser dejándote el alma a un nivel más inferior que la propia tierra.

Al levantar los ojos del papel Marta se sentía totalmente diferente.  Sin miedo, busca los ojos de Antonio, su ya ex marido y se asombra al comprobar que de repente le devuelve la mirada un extraño. No es capaz de reconocer en él ningún rasgo que le dijera que todo lo pasado hubiera tenido algún sentido.

Sin más se levanta y se dirige hacia la puerta con paso firme. Se para tan sólo un segundo con la manivela entre los dedos y respira hondo. Al abrir la puerta siente que las lágrimas luchan por resbalar por su cara pero éstas son distintas ésta vez.  ¡Por fin se siente libre!"

Debajo de la sombrilla Marta está tumbada tomando el sol, disfruta de un buen libro. La brisa del mar acaricia su pelo. Poco a poco está reconstruyendo lo que alguna vez llegó a ser. Es consciente de que no va a ser nada fácil, pero su fuerza cada vez es más grande...

Mientras, la vida sigue surcando su propio camino sin mirar hacia atrás entre la marea de sombrillas, sin tan siquiera perder el tiempo en ser consciente de su  propia existencia, ajena incluso a ella misma.