martes, 26 de febrero de 2013

UN PEQUEÑO RELATO...20.¿PRINCESA?...






                     Princesa de sueños encantados...¿Qué tienen de cierto estas palabras?...


Marta entró con decisión. No medió ninguna palabra al entrar en la pequeña joyería. Puso el bolso sobre el mostrador, lo abrió y sacó su arma. Sin vacilar apuntó directamente hacia la cara de la dependienta.

- No voy a decírtelo dos veces, sabes a que vengo...!así que rápido!.- Su voz sonó apenas como un susurro, pero con frialdad. Sus azules ojos se asemejaban a dos piedras.

La dependienta presa del pánico cojió todo lo que pudo y lo metió en una bolsa. La puso con manos temblorosas, entre sollozos, delante del bolso de Marta.

- Ahora tienes dos opciones...Ser inteligente y esperar a que me marche; o por el contrario...Ser estúpida y jugarte la vida. Tu decides.- Prosiguió Marta en el mismo tono de voz. Sin dejar de apuntarla con el arma.

La dependienta entre sollozos agachó la cabeza. Tenía claro que no se la iba a jugar, aunque se quedara sin trabajo...

- Vete...- consiguió decir intentando sacar el poco valor que le quedaba.

Con un movimiento rápido Marta lo metió todo en el bolso y salió al exterior.

Ya en la calle el frío de hielo le golpeó en la cara. Se aferró con fuerza el bolso y se ajustó el cinturón del abrigo. Se colocó las gafas y con paso firme se dirigió al coche. Se puso en circulación con normalidad, no quería levantar sospechas. Miró su reloj...iba bien de tiempo, le quedaban dos horas.

Cuando dejó atrás la ciudad empezó a relajarse un poco. Se permitió dar rienda suelta a toda la adrenalina acumulada. El corazón le daba verdaderos brincos dentro del pecho. Casi le costaba respirar. Entonces se paró en la cuneta...

Movió el espejo retrovisor hasta que pudo enfocar lo mejor posible su cara. Se quitó la peluca. Su larga cabellera castaña resplandeció con reflejos cobrizos, con las luces del atardecer. Tenía la ventanilla bajada y el pelo parecía bailar alrededor de su cara, movido por la brisa.

Con pequeños pellizquitos en la base del cuello empezó a tirar como de una fina capa de piel hacia arriba, dejando a la luz su verdadero rostro. Había sido todo un acierto hacer aquél curso de maquillaje de caracterización profesional. Le permitía cambiar sus rasgos con facilidad. Era como ponerse una máscara suave y cálida. Una máscara capaz de ocultar más de lo que ella pensaba. 

Abrió el bolso y sacó un paquete de toallitas. Empezó por la frente con movimientos suaves hacia el cuello. Cogió el pequeño estuche de pinturas y sacó un lápiz negro. Se perfiló todo el borde del ojo. A continuación sacó el rimmel y con suaves movimientos desde la base de las pestañas hacia las puntas, puso una nota de color negro en su mirada. Al mirarse de nuevo en el retrovisor su imagen era totalmente diferente.

Volvió a mirar el reloj...con rapidez lo metió todo en el bolso otra vez. Al hacerlo, por un segundo sus ojos  se detuvieron en la bolsa...

Mañana lo vendería en otra ciudad, pero ahora llevaba el tiempo justo para llegar a recoger a su pequeño Pablo del colegio.

Por nada del mundo iba a consentir volver a estar tirada en la calle...mataría si hiciera falta. Sería capaz de todo por evitarlo.- Pensó reanudando de nuevo la marcha.