viernes, 8 de febrero de 2013

UN PEQUEÑO RELATO. 19...CARNE DE BARRO...





FOTO: JOSE JUAN LÓPEZ LAFUENTE



 Ojos de luna,
carne de barro...
Al otro lado de la muerte,
mora la vida
en un nuevo amanecer...


 Así es...
Tierra inhóspita. Tierra roja donde en el barro se anida la vida y lo envuelve todo a su vez. Tierra donde el azul del cielo lucha por emerger entre un frondoso techo de hojas verdes, alzadas hacia su horizonte por columnas de tronco enredadas y enlazadas con sus propias raíces milenarias al corazón de esta tierra roja.

Senderos imposibles de caminar. Escarpada pared donde no existe huella del paso del hombre. 
Tierra virgen, surcada de pequeños riachuelos donde la naturaleza se repite como reflejo de su propia sombra, sobre el agua y sobre el cielo.

Tierra roja donde el hambre corroe huesos y la sombra de la muerte temprana amenaza constantemente, con la misma facilidad en la que se abre una flor.

Aquí, en esta tierra, hay vida... Es la tierra de María.

Sus pequeños pies descalzos la caminan sin miedo. Sus ojos inmensos, abiertos como dos lunas en una carita de niña, saben reconocer cada pequeño rincón de su entorno. Pueden vislumbrar entre las sombras  si se esconde algún peligro que pueda acechar.

Ese amanecer, el cielo sucumbió ante un mar de nubes plomizas. María, de pie delante de su cabaña, permanece con los brazos totalmente abiertos. Dirige su mirada hacia la cúpula de nubes que le sirven de techo, sin poder evitar llorar.

Sus pequeños pies mojados pisan con fuerza el suelo y el barro rojizo los envuelve como queriéndolos proteger.

Sus padres y ella se han pasado toda la noche velando a su hermanita, que está enferma y con fiebre. Han rezado, agradecidos por todo los que Dios les ha dado, hasta que han empezado a despuntar las primeras luces del amanecer. No han parado de hacerlo hasta que su hermanita Guadalupe ha abierto sus ojitos y les ha sonreído. 
Se siente mejor.

María, eufórica,  ha salido corriendo al exterior y se ha detenido para abrir los brazos y sonreírle al mismo viento.

Su mirada recorre la pequeña aldea y se detiene en la escuela. Entonces, su sonrisa todavía es más luminosa cuando piensa...

- Quizás, mañana volvamos juntas.





Me emociona tu corazón, tu capacidad para la generosidad. Tú tienes ese tipo de don que hace que, a pesar de todo, te preocupes por los demás. Es una labor totalmente altruista y ejemplar.

Desde aquí, mi pequeño rincón, quiero agradecértelo. A ti y a todas las personas que como tú, dedican su vida y todo su esfuerzo por mejorar la vida de los demás.
Con un entorno de accesibilidad difícil, habéis conseguido todo tipo de pequeñas mejoras para su supervivencia. Desde escuelas, médicos...todo lo necesario para poder desarrollarse.
Tan solo tengo que mirar a esos ojos que tienes, para darme cuenta de lo feliz que te hace  el simple hecho de evocarlo.
Gracias por todo.

Jose Juan López Lafuente coordinador de ICNELIA. Gracias a él, y muchos como él, la vida es un poco mejor en nuestro mundo.





 


Gracias ....AMIGO.

Para el que esté interesado os dejo la dirección http//Icnelia.es