viernes, 18 de enero de 2013

UN PEQUEÑO RELATO.18...REFLEJO...










Se balanceaban sutilmente los  pequeños haces de luna sobre la densa niebla blanquecina, acariciando con su danza el visible velo que ansiaba posarse sobre la superficie nocturna.
Poco a poco Alisa fue despertando de su letargo. Sobre el suelo su cabello formaba un pequeño mar de ondas cobrizas. Haciendo que su nívea piel casi resplandeciera en contraste con la moqueta azul...

Todavía con los ojos cerrados, como presos en una linea sin fin de tupidas pestañas, notó que esta vez era diferente. Sentía un peso excesivo en sus brazos y en sus largas piernas, percibía la sensación de estar húmeda. Movió lentamente los dedos y estos parecían danzar sobre pequeños charquitos sobre la moqueta.

Abrió los ojos de golpe y se incorporó. Su desnudez era un reclamo para los reflejos y sombras en aquella habitación. La envolvían casi queriendo acariciarla. Así en la penumbra, pudo comprobar que estaba sola. Al mirar sus manos y su cuerpo descubrió que estaba cubierta de sangre. Se llevó las manos a la cara apesadumbrada. No conseguía recordar nada. Cada vez que despertaba de una crisis era peor...no era capaz de retener ningún recuerdo.

Entonces el pánico se apoderó de ella.


Pablo entró en la sórdida habitación del hotel. Lamentándose  porque se estaba acostumbrando a este tipo de avisos. Tener a un asesino en serie suelto en la ciudad le estaba quitando el sueño. Cuando llegó se encontró con la misma cruel escena de siempre. El cadáver tendido en la cama, atado de manos y pies,  con los ojos cerrados y amordazado.

Muy a su pesar vio que esta vez se había ensañado de más. Tenía el pecho totalmente abierto, como desgarrado. Al acercarse más a él, notó que le habían robado el corazón. Había sangre por todas partes.

Se pasó la mano por el pelo con cansancio. Habían agotado todas las posibilidades. No conseguían dar con él. En ese momento sonó su teléfono móvil...

- Cariño, lo siento; sé que estás ocupado...- sonó casi con un susurro la voz de Alisa, su mujer.
- Dime, no te preocupes...¿qué te pasa?.- le respondió Pablo con preocupación.
- He vuelto a tener otra crisis...¿puedes venir?.- casi le suplicó.
- Voy para allá...- y colgó sin esperar respuesta.

Al llegar a casa se encontró la puerta medio abierta. Con asombro comprobó que estaba todo revuelto en un caos total. Sin dudarlo sacó el arma. Caminaba despacio, intentando no hacer ningún ruido.  Conforme apoyaba el pie, iba comprobando donde pisaba, empujando con la punta  todo lo que había en el suelo para no tropezar.

Entró en su habitación, casi a oscuras. En el centro estaba Alisa de pie, desnuda. Cubierta de sangre. Tenía totalmente revuelta su larga cabellera. Los haces de luna resaltaban la belleza de sus formas. Pablo se quedó petrificado ante la profundidad de su mirada. Sus ojos tenían el brillo del profundo azabache, casi ni pestañeaba...

Pablo la recorrió entera con la mirada... Ésta se detuvo en su mano derecha. La tenía abierta hacia arriba sujetando un sangrante corazón. Gota a gota iba formando un pequeño espejo granate en el suelo. Gota a gota al caer, de las pequeñas ondas expansivas emergía una imagen abstracta de la noche.

- Mátame...- le suplicó en un susurro casi imperceptible Alisa.

Pablo era incapaz de articular palabra, de hacer un  solo gesto...

-! Mátame!...-volvió a decir Alisa, esta vez con un grito casi gutural...- al mismo tiempo que daba pequeños pasos suaves hacía el.