jueves, 31 de enero de 2013

FUEGO...





 



Fuego que abrasa,
en la noche callada...
centímetros de piel,
ahogándose el deseo,
en tus labios...
muriendo mi boca
en tu boca...
con insaciable sed,
de bebernos en la noche,
como si no hubiera mañana...
Fuego que despiertas fuego,
donde las ascuas 
recorren mi espalda,
y tu barbilla con ternura,
me susurra amor entre caricias...
Solos en la noche,
paramos el tiempo...
entre brasas encendidas,
en el arco de tu abrazo,
entre llamas...
siento sed de ti,
mis labios no agotan,
la insaciable sed  de mi alma...
Un suspiro ahogado,
se esconde en mi pecho,
haciendo eco...
en la noche infinita.








domingo, 27 de enero de 2013

RETROSPECCIÓN...



Este pequeño homenaje es para D. Manuel Martinez Monera. Un "maestro" como pocos. Doy gracias porque forme parte de mi vida...





Fotografía playa de Santa Pola.


Corría el año 1974, exactamente el 7 de Febrero cuando llegamos a vivir a Santa Pola. Yo era la menor de seis hermanos, por aquellas fechas tenía siete años.

Siempre recordaré aquel amanecer, en el que pude descubrir la belleza del mar. Nos despertamos temprano y al salir al balcón ahí estaba...El gran azul...Era como una tela de seda, suave y vaporosa.

Justo en frente de la playa se situaba lo que por entonces era el Colegio Nacional Orientación Marítima. 

Cierro los ojos y mis sentidos me transportan a aquellos años. Puedo oír el griterío de niños...El olor a colegio, una mezcla donde se conjugaban la tiza, pizarra, lapices...Un aroma especial.

Nuestros recreos comenzaban a golpe de "pito"..., se nos liberaba hacía un horizonte de arena, salitre y brisa marina. El canto de las gaviotas era la banda sonora de nuestros juegos. Y éstas ansiosas esperaban el fin de nuestro descanso, para acudir raudas a alimentarse de la sobra de nuestros bocadillos.

Eran capaces de formar un manto blanco sobre la arena gris...Como si la espuma de las olas pudiera liberarse de la trampa del agua, para poder correr de aquí para allá...llegando incluso a volar.

Eran tiempos en los que las aulas todavía tenían la foto del Generalísimo. Todavía vivíamos en los tiempos del franquismo. Dando éste ya sus últimos coletazos.
Como una joya, de mi mente puedo evocar como sombras irreales las figuras de nuestros maestros. Algunas se destacan más que otras, será porque el tiempo se encarga de borrarlas caprichosamente, a su antojo.

Hoy mi deseo es el de rescatar a una persona, para mí ejemplar. Mi querido Don Manuel Martinez Monera. Un hombre cultísimo, con unos valores que con mucho esfuerzo por su parte y paciencia (todo hay que decirlo); consiguió inculcarme.
El por aquél entonces era el director del colegio y mi profesor de lengua. Tuvo que lidiar bastante conmigo, la verdad. No es que fuera una niña problemática, simplemente era soñadora; de las que continuamente se evaden con facilidad.
Siento muchísimo cariño y respeto por él. Tanto que con el pasar de los años nunca he podido dirigirme hacia él de otra forma que la de D.Manuel. Nunca lo he podido tutear, llamarle simplemente Manolo.

Este Septiembre tuve el honor de que asistiera a la presentación de mi libro. Fue emocionante para los dos, tanto que llegamos a llorar.

Son todos estos recuerdos, los que nos conforman. Los que nos hacen ser las personas de hoy....Verdaderos tesoros...

Abro los ojos y me doy cuenta de lo afortunada que soy... Al fin y al cabo puedo decir que he nacido y crecido a orillas del Mediterráneo.





Foto cedida por Jose Juan Lopez Lafuente...gracias, amigo mío.

Mi querido D. Manuel es el que está de cuclillas el primero por la derecha.

jueves, 24 de enero de 2013

A PENAS...







A penas el olvido
rozó mi mirada...
sentí
que no hay otro lugar
donde yo quiera morar...

Entre las letras
que fluyen de mi alma,
sentí
que no hay nada en el mundo,
en ese instante escrito.

Que no me incite a soñar,
a vivir otras vidas,
a percibir otra realidad.

Las palabras...
palabras que se lleva el tiempo,
que deciden desnudar el alma,
que te rompen el miedo...

Una a una...
pequeñas gotas de tinta,
que como negros espejos,
nos revelan escondidos secretos.

¿Qué soy yo?

Apenas casi un mero velo...

Se que por amor escribo...

Lo sé...
Y es en la noche infinita,
donde las estrellas
conforman el papel...

Donde yo pueda
escribir el verso...






viernes, 18 de enero de 2013

UN PEQUEÑO RELATO.18...REFLEJO...









Un sinfín de diminutos haces de luna se balanceaban sutilmente sobre la densa niebla blanquecina, acariciando con su danza, el visible velo que ansiaba posarse sobre la superficie nocturna.
Poco a poco, Alisa fue despertando de su letargo. Su cabello formaba un pequeño mar de ondas cobrizas sobre el suelo, provocando que su nívea piel resplandeciera en contraste con la moqueta azul.
Todavía con los ojos cerrados, como presos en una línea sin fin de tupidas pestañas, notó que esta vez era diferente. Sentía un peso excesivo en sus brazos y en sus largas piernas. Percibía la sensación de estar húmeda. Movió lentamente los dedos y sintió que chapoteaban en un líquido viscoso y caliente. 
Abrió los ojos de golpe y se incorporó. 
Su desnudez era un reclamo para los reflejos y sombras en aquella habitación. La envolvían casi queriendo acariciarla.
Así, en la penumbra, pudo comprobar que estaba sola. Al mirar sus manos y su cuerpo, descubrió que estaba cubierta de sangre. Se llevó las manos a la cara apesadumbrada. No conseguía recordar nada. Cada vez que despertaba de una crisis la angustia era mayor y era una sensación que empeoraba por momentos al no ser capaz de retener ningún recuerdo.
Entonces, el pánico se apoderó de ella.

Pablo entró en la sórdida habitación del hotel sin poder dejar de lamentarse, porque se estaba acostumbrando a este tipo de avisos. Tener a un asesino en serie suelto por la ciudad le estaba quitando el sueño. Cuando llegó, se encontró con la misma cruel escena de siempre. El cadáver tendido en la cama, atado de manos y pies,  con los ojos cerrados y amordazado. 
Muy a su pesar, se fijó en que esta vez se había ensañado de más. Tenía el pecho totalmente abierto, salvajemente desgarrado. Al acercarse más, notó que le habían robado el corazón. 
Había sangre por todas partes.
Se pasó la mano por el pelo con cansancio. Habían agotado todas las posibilidades. No conseguían dar con él.
Y en ese momento justo, sonó su teléfono móvil...
—Cariño, lo siento. Sé que estás ocupado... —susurró su mujer, Alisa.
—Dime, no te preocupes... ¿Qué te pasa? —preguntó preocupado.
—He vuelto a tener otra crisis... ¿Puedes venir? —le suplicó.
—Voy para allá... —y colgó sin esperar respuesta.


No fue consciente del tiempo que tardó en llegar, ni de cuantas infracciones de tráfico fue capaz de hacer. Nada importaba, porque estaba totalmente desquiciado por la preocupación. Solo logró tragar saliva cuando cruzó el portal de su casa; pero esta situación duró hasta que se enfrentó a la imagen de la puerta entreabierta de su piso.
En ese momento, contuvo la respiración mientras la empujaba con suavidad para conseguir abrirla.
Sin dudarlo sacó el arma y la amartilló, mientras caminaba despacio, intentando no hacer ningún ruido al apartar con la punta de las botas todo lo que estaba esparcido por el suelo para no tropezar. 


Entró en su habitación y se tuvo que esforzar para que sus ojos se acostumbraran a la penumbra. 
Mientras tanto,  Alisa permanecía inmóvil justo al pie de la cama totalmente desnuda. 
Pablo se quedó paralizado cuando al fin pudo recorrer lentamente su imagen y se dio cuenta de que estaba cubierta de sangre. Tenía totalmente revuelta su larga cabellera. Los haces de luna resaltaban la belleza de sus formas. 
Pablo se quedó petrificado ante la profundidad de su mirada. Sus ojos tenían un brillo siniestro y espeluznante, ni siquiera pestañeaba.
Alisa se mantuvo sin moverse durante un rato que a Pablo le pareció eterno, hasta que extendió su mano derecha hacia él. La tenía abierta con la palma hacia arriba mientras que sujetaba un sangrante corazón. Gota a gota iba formando un pequeño espejo granate en el suelo, que al caer, gota a gota, recreaba unas pequeñas ondas expansivas de las que emergía una imagen abstracta de la noche.
Pablo no podía ni tragar su propia saliva, mientras su mirada se detenía en esa mano para, a continuación, hacerlo de nuevo en sus ojos.
Silencio. Silencio espectral y atronador.

—Mátame... —suplicó con un susurro casi imperceptible, mientras Pablo era incapaz de articular palabra, ni de hacer un solo gesto.
— ¡¡Mátame!!... —gritó de nuevo Alisa, pero esta vez, con un sonido gutural y primario capaz de helarle la sangre, al mismo tiempo que se acercaba a él paso a paso.



 Beatriz Cáceres.



             





viernes, 11 de enero de 2013

LADY MERMELADE...

                                                                                 .
Desnudo_artistico : Silueta de chica desnuda detrás de tela blanca





Sombra traslúcida,
emergiendo de la nada,
balanceándose entre rastros 

De piel...


Encadenándose sombras,
en cada deje sensual,
atrapadas en cada curva...

De deseo...


En cada seno mares
prendidos de suspiros,
plenos de besos insondables...


Como océanos...


Ecos de quebradiza voz,
reverberando palabras,
de amor en la linea del cuello...


Como susurro...
  

Labios donde la sed
no agota su apasionado camino,
con pasos palpitantes...


Hacia el  paraíso...