domingo, 15 de diciembre de 2013

...SE DESLIZA...




FOTO: SANDRA SELVA SAEZ.



No hay voz...
hay latido.
Es el viento...
que suavemente convulsiona,
transformando la emoción,
en ínfima gota de lluvia...
Y es capaz,
de dejarse caer del cielo...
...para resbalar sobre mi rostro...
y seguir su viaje por mi cuello.
Robándole la soledad
al espacio.
...Sin pausa...
...Se desliza...
puedo notar su vida
sobre la piel...de mi seno.
...Incansable...
cala miedos,
desea distancias,
rastrea con salvaje instinto,
dibujando suavemente,
en mí...tu silencio,
esculpiendo tu alma,
en el fino velo,
que me envuelve...





martes, 3 de diciembre de 2013

...ERES FUEGO EN MÍ...

FOTO: SANDRA SELVA 



No siento temor,
al acariciar tu piel,
siendo llama.
...Eres fuego en mí...
por eso amo
la soledad que desprende
tu sombra.
Y me ofreces tus labios
y me dejo ofrecer,
caricias de ceniza,
enlazándose mi corazón,
a las brasas de tu boca.
...Sé fuego en mi...
roza mis labios,
en callado silencio,
donde sólo sean tus ojos,
los que me susurren
con ausente palabra,
que existimos
tan sólo tú... siendo llama
y tan sólo yo...siendo brasa.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

UN PEQUEÑO RELATO. 26...ESA LUZ...



FOTO: MIRIAM C.ALVAREZ MEDINA.
DEL BLOG 40aneraunamas.blogspot.com


Siento como poco a poco, mis párpados luchan  por abrirse. Es como si hicieran una tímida danza sobre mis pupilas. Poco a poco,  muy lentamente, parece que consigo fijar por unos instantes la mirada.

Me cuesta parpadear.

La consciencia apenas de mala gana quiere regresar, insiste una y otra vez para ocupar el espacio de la oscuridad y es justo el instante en el que por fin los abro.

Luz. Me enfrento a una luz que es capaz de llenarme el pensamiento. La puedo hasta oler.

No siento dolor.

Ni  tampoco, como la sangre mana de mi cuerpo, como queriendo regar la tierra que me envuelve.

Respiro...

Dejo de hacerlo un instante, necesito oír el sonido del silencio, pero el proceso de la vida que fecunda la tierra me invade. Puedo sentir el pequeño silbido del aire al mover las hojas secas que, como hipnotizadas por mi presencia, se arremolinan sobre mí, atraídas por una poderosa gravedad.

No siento dolor...

¿Por qué?
De todo lo que fui o pude llegar a ser...
¿Alguna vez existí?
O tan solo fui un fugaz pensamiento que se desvanece con el simple hecho de girarme para poder retenerlo.
¿Fui arena o un aroma suspendido en el espacio?
¿Quise vivir o, por el contrario, me venció el miedo?

Y no siento dolor...

Puedo notar bajo mi espalda la fuerza de las raíces de los árboles y cómo serpentean buscando vida y me golpea su fuerza latente quebrando el espacio, ligando a la escultura de su tronco alzada hacia el cielo, con el eje de la vida oculta en la misma tierra. Un tronco forjado por el beso del viento y de la lluvia, lleno de pequeñas cicatrices y recovecos surcados por la huella del tiempo.

Sé que si viviera cien años y cien vidas diferentes, el destino me traería hasta este punto y poco a poco tomo conciencia de ello.

Cada paso, cada decisión que he tomado...
Me han traído hasta aquí, hasta el núcleo de este momento.

¿Muero?
Si es que sí, quiere decir que alguna vez he vivido.
Pero... ¿nací?
Lástima, no puedo recordar ni siquiera a mi propia rebeldía.
¿Qué es lo que me queda?
Y con esta inquietante presunta, siento a mis lágrimas debatirse para manar sin contención por mi reseco y sangriento lagrimal.
Quedo yo, salvajemente yo, aferrándome a la vida.

Y cuando ya no espero nada, es cuando empiezo a percibir la vibración de unas pisadas martilleando la tierra cercana a mí. Y voces… unas voces que no puedo sentir más lejanas.

¡Un momento! ¿Me están llamando? ¡Alguien me llama!

—¡Esta aquí!... ¡La he encontrado! —grita un hombre a pleno pulmón, antes de ponerse de rodillas a mi lado.

—Tranquila... Estás a salvo. Has tenido un accidente. Te has caído con el coche desde ese puente. Ahora te llevaremos al hospital —me susurra, a la vez que con mucho cuidado me coloca un collarín y me inmoviliza el cuello.

Lo oigo muy lejano, pero aun así no puedo apartar la mirada de él, mientras me sonríe y la misteriosa luz se desvanece.




 


jueves, 14 de noviembre de 2013

...BÉSAME...

FOTO: JUAN MANUEL MOLINA.
MODELO: LORETO ESPINOSA BAILE.




Amo tus dedos
rozando pétalos de piel,
quebrando silencio...
...Abrázame...
como si se acabase
la vida...
como si el amanecer
decidiera estar ausente
y siempre...
fuese noche fundida.
...Bésame...
como si las alas
de tus labios,
doblegaran mi vacío,
ante la caricia de tu voz.
Y no soy,
y quiero ser,
hoja vencida de deseo.
Y morir en tus ojos,
ligada a las sombras
de tus pestañas...
Así que...bésame,
...bésame...
hasta que la locura,
decida perderse
en el aroma
que desprende,
esa tatuada flor,
que entre pétalos
oculta tu nombre.





lunes, 11 de noviembre de 2013

UN PEQUEÑO RELATO...25. ¿LO IMPOSIBLE?.





Basado en la historia real de un pueblo. Viganella está situado en la profundidad de un valle al pie de la montaña Scagiolla, en los Alpes italianos. Durante ochenta y tres días no pueden recibir ni un sólo rayo de sol. Así que idearon colocar un gran espejo en la loma de la montaña, para que por lo menos llegara el sol hasta la plaza de pueblo...

La virtud de lo divino,
reside en el reflejo
de su propio ser
desposeído de toda arrogancia.


—Lo voy a conseguir —pensó Antonello, mientras su mirada se dirigía hacia el horizonte.
A sus pies, se abría un valle profundo. Las laderas totalmente esculpidas por una generosa vegetación, le daba el aspecto de ser una marea verde, cuyas crestas de los árboles mecían el sonido del viento.
Justo en el fondo, cuando la mirada parecía que se iba a perder en un abismo, estaba el pueblo. Desde su altura, las casas simulaban pequeños montículos de nieve caídos desde lo más alto de las cumbres de las montañas. Estas dominaban el entorno con majestuosidad, erguidas, orgullosas, como siendo conscientes de su pétrea existencia. Y no era para menos, ya que se trataba de los Alpes.
Antonello sonrió y centró la vista en el cielo, permitiendo que los rayos suaves del sol de noviembre le acariciaran la cara.
—Mañana a esta hora, te sorprenderé —susurró, a la vez que cargaba con la caja de herramientas y se dirigía hacia la base de la estructura.
Anna acababa de llegar a la pequeña panadería del pueblo. Casi no podía respirar por la cantidad de ropa que llevaba puesta. Cerró la puerta al entrar,  y una mirada de pesar recorrió su expresión. Al otro lado del cristal se podía ver la oscuridad durante el día. Los habitantes del pueblo caminaban cabizbajos inmersos en sus problemas.
El musgo recorría los entresijos entre los adoquines, subía por las paredes de las casas hacia los techos, parecía que nada podía frenar su avance. Crecía y se multiplicaba sin parar, cobijado por una sombra tan intensa que se había adueñado de la atmósfera. Durante ochenta y tres días no podían disfrutar de los rayos de sol. Ninguno era capaz de llegar hasta el fondo de aquel valle.
Se quitó el abrigo y la bufanda y se puso el delantal. Un día más en la misma situación. No podía entender como un sitio tan hermoso pudiera parecer estar bloqueado por el tiempo. Las horas corrían una tras otra, impulsadas por las manecillas del reloj. Un reloj que permanecía escondido en la penumbra de un cajón.
Anna terminó la jornada. Se volvió a poner el abrigo y salió al exterior. Se detuvo un instante para mirar el cielo nocturno. La luna esa noche parecía todavía más lejana, si cabe. Agachó la cabeza y comenzó a caminar, ya que temía resbalar, porque el suelo a esas horas se convertía en una superficie totalmente deslizante.
Antonello, por su parte, decidió pasar la noche en la montaña. Presentía que iba a ser muy larga. Se metió en el saco de dormir casi abrazándose a sí mismo. La tela de la tienda de campaña apenas podía retener el frío del exterior, pero sentía una cálida y reconfortante sensación en su interior.
El amanecer en el lateral de la colina del monte Scagiolla era excepcionalmente bello. Los primeros rayos de sol parecían danzar entre las ramas de los árboles. Pero como si fuera a causa de una maldición provocada por algún Dios vengativo, estos pequeños rayos eran incapaces de bajar hasta el fondo de la montaña y esto venía ocurriendo desde el principio de los tiempos.
Al amanecer, Antonello se levantó y salió casi corriendo al exterior para no perderse ese instante. Durante unos minutos estuvo observando todo su alrededor. Respiró hondo al coger su maletín y sin pensarlo más, se dirigió a la estructura.
Se quitó los guantes para poder teclear sobre el panel en qué dirección exacta quería dirigir el gran espejo y esperó...
Anna, poco a poco, se iba despertando. Sentía una sensación cálida recorriéndole la cara, por un instante creyó que todavía soñaba. Cuando alcanzó a abrir los ojos, se quedó perpleja... El sol estaba dentro de su habitación.
En ese momento sonó su móvil y la hizo reaccionar.
—Buenos días.
Anna estaba como en otro mundo. Continuaba tumbada con sus manos levantadas, dejando que los rayos de sol juguetearan con sus dedos.
—Es mi forma de decirte que te quiero... ¡Qué menos que regalarte la belleza en toda su expresión! —continuó Antonello, susurrándole a través del teléfono.
—Eres lo más hermoso que me podía ocurrir... —consiguió responder Anna, después de unos segundos en los que ya no pudo más y por sus mejillas empezaron a deslizarse lágrimas de felicidad.


 Beatriz Cáceres

domingo, 10 de noviembre de 2013

FRÁGIL...

FOTO: JOSE JUAN LOPEZ LAFUENTE.




...Mírame...
Soy la fragilidad del fuego
reflejada en tus pupilas.
Soy el breve beso,
que arde en tus labios,
elevando tu sangre
más allá de la piel.
Soy ese instante fugaz,
donde muero
cuando más vida hay en mi.
...Mírame...
antes de que la noche
me venza
y me atrape su sombra
transformándome,
en  velo negro.





martes, 29 de octubre de 2013

LUNA AZUL...

CUADRO: "LUNA AZUL"   BEATRiZ CÁCERES.




No es el horizonte inmortal
lo que me hipnotiza,
son tus ojos 
rozando orillas.
No es tu piel de mareas,
la que mece mi deseo
enroscando en olas,
espuma de suspiros.
Tan sólo soy reflejo
en la noche eterna.
Mi cuerpo al rozarte
deja de sentirse piedra,
y se torna suave
como seda.
Y vivo...
abrazando agua,
sintiendo el latido
de la vida que anida en ti.
En forma de suave brisa,
tu voz pronuncia...
...mi nombre...

                                                                                                                                       




miércoles, 23 de octubre de 2013

UN PEQUEÑO RELATO. 24...LA PUERTA.



FOTO: JUAN MANUEL MOLINA


La fuerza de la Bestia
reside en la Sombra,
que la nutre
y a la vez,
confabula su propio desdeño.


“Uno a uno, ladrillo a ladrillo sin protección, con sus huesudas manos descubiertas; sin importarle los pequeños arañazos que le producía cogerlos. Uno a uno, fue colocándolos en el espacio abierto. Sin un momento de duda, uno detrás de otro. La eclipsada Sombra no cejaba en su empeño.

Cada ladrillo tenía un significado, un pensamiento; un sentimiento de lucha baldía. Tan solo una intención, que no es otra que la de encerrar a la bestia, negándole cualquier contacto con el mundo exterior. 
Necesitaba crear una puerta que no tuviera destino. Un sellado real, ante la vida... ante el dolor.

Mientras la Bestia, salvaje por vocación, se limitaba a acariciar las paredes con sus zarpas. Paredes descarnadas, que permitían a sus propias entrañas emerger a la luz, regando todo el suelo con su propio despojo. 

De vez en cuando entornaba los ojos, para luego proseguir su peregrinaje entre los recovecos de la estructura. De algún recóndito lugar de su mente una frase luchaba por emerger dentro del caos...

"Para que algo se arregle, primero se tiene que romper del todo", se repetía una y otra vez.

Y la Sombra continuaba sin descanso hasta que con un gran esfuerzo llegó al final. Tan solo consintió en dejar un pequeño espacio, una especie de tragaluz por el que pudieran penetrar en la estancia apenas tres rayos de sol robados a un día soleado.

Ante tal situación, en un momento de desesperación, la Bestia arremetió con fuerza contra las paredes. Intentó saltar lo más alto que pudo para conseguir tocar el techo en un intento inútil de poder escapar.
Cada vez caía con más fuerza contra el suelo
Su respiración era jadeante...

Parecía que dentro de sí empezaba a tomar conciencia de que no había salida.

Con desesperación se arrodilló en el centro de la habitación; mientras se balanceaba de un lado a otro y acompañaba su movimiento con un lastimero lamento. La Sombra la observaba pesarosa desde el pequeño tragaluz y no pudo reprimir que una lágrima surcara su faz con  su errático recorrido.

En un determinado momento, la Bestia se quedó quieta, terriblemente estática. La única vida la tenían sus ojos,  tenía la mirada totalmente concentrada en los ojos de Sombra. Ni un parpadeo, tan sólo su respiración.

Hasta que de un salto, se puso en pie y comenzó a avanzar hacia la puerta tabicada. Se detuvo delante de ella con las dos manos apoyadas en los laterales.
Podía sentir el latido de Sombra, su olor...

Cada vez gemía más y más fuerte.

Retrocedió unos pasos para coger fuerza y con todo el ímpetu que pudo, arremetió contra la puerta bloqueada. El impacto fue tan brutal que la tiró al suelo con el retroceso sobre los escombros. Una y otra vez, atacó a los ladrillos que empezaron a ceder ante su fuerza, resquebrajándose como el cristal más fino. Llegando al fin a desintegrarse totalmente.

La Bestia permanecía tumbada en el suelo...

La había tirado su propia fuerza con la inercia del último empujón. Herida, sangrante, hizo un último intento y como pudo se puso en pie. Tambaleándose por la debilidad, miró de frente a Sombra que en ese momento estaba cerrando los ojos. Sin dudarlo comenzó a caminar cada vez más deprisa, hasta que empezó a correr y de un salto se introdujo en su interior.

Sombra cayó al suelo como una suave hoja vencida. Se retorcía, entre espasmos incontrolables; mientras intentaba controlar a la Bestia, que estaba arañando espacios en sus entrañas. Pudo ver desde el ángulo que tenía desde el suelo el efecto devastador de la Bestia.

—No hay puerta en toda la tierra capaz de encerrar una fuerza como la tuya —pensó resignada.

Diana se incorporó de un salto en la cama. Estaba totalmente empapada de sudor. Flexionó las rodillas e introdujo la cabeza entre ellas. Tenía sus manos en el interior del propio arco que ella misma había creado.

No podía parar de llorar.

Había sido una pesadilla real, tan real que casi no podía controlar el temblor de sus manos.

Al cabo del rato, cuando por fin se apagaron los sollozos, levantó la cabeza y dirigió la mirada hacia la puerta de la habitación.
Estaba cerrada.
Ella era la responsable de que estuviera así. Por temor al dolor había decidido aislarse de todo y, por primera vez en mucho tiempo, sintió que eso no la llevaba a ninguna parte.

Lo único que había conseguido era alimentar y fortalecer a su propia Bestia interior. Permitiendo que Sombra, su espíritu de voluntad, estuviera expuesta al sacrificio.
Con un gesto rápido se secó los ojos y apartó las sabanas. Se puso de pie y se dirigió hacia la puerta.
Con el pomo entre sus dedos, se quedó quieta un segundo. Algo en su gesto cambió, la huella de la determinación fue ganando paulatinamente milímetros en su expresión.

—El valor inherente a una puerta, es que siempre se puede abrir. No sé hacia donde voy, pero no quiero tener miedo. Debo cruzarla —pensó, a la vez que empezaba a caminar.
 Observó que la vida había continuado sin ella y eso era
algo que no se podía repetir. Un cálido sentimiento le embargó el corazón.
¿Sería ESPERANZA?...


                                                                                                                                     
                                                                                                                                                                                     








domingo, 6 de octubre de 2013

UN PEQUEÑO RELATO 23...Y DE REPENTE...UN EXTRAÑO.



FOTO: SANDRA SELVA




La vida surca su recorrido entre un mar de sombrillas. Cada una recoge en el interior de su corola, como si de una flor se tratara, la esencia de mil y una historias, que llegando el anochecer al replegar sus figurados pétalos de tela, son capaces de encerrar la luz de las almas en forma de luciérnagas.


"Ante ella, en una mesa pulcramente limpia, se extienden los papeles. El abogado con voz totalmente monótona le explica detalladamente los pormenores del acuerdo al que se ha llegado al fin. Pero Marta no es capaz de prestarle atención. El latido de su corazón suena demasiado fuerte en su interior como si de un timbal se tratara, mientras su mirada está fija en los papeles.

Parpadeo.
Su mirada directamente clavada en los ojos de  su interlocutor.
Parpadeo.

Tan suave como batir ala de mariposa. Su intención no es la de conservar la imagen nítida en su memoria, todo lo contrario, cada parpadeo involuntario busca poder borrarla, como si al abrir los ojos esperara encontrarse perdida en otro horizonte.

—Cálmate. Ya casi  está. —Se dice una y otra vez, intentando mantener la compostura. Hasta en su interior, su voz le suena temblorosa, como si no llegara a querer creerse lo que estaba pasando.

En ese momento, con un simple gesto, el abogado le señala con el dedo el lugar exacto donde tiene que firmar.

Marta sujeta firme el bolígrafo, es consciente de que tan sólo dieciocho letras la separan de la libertad. Son las letras de su nombre.

El surco de la primera letra comienza a dejar su propia sombra en el papel... M...

—No más heridas sin dejar huella sobre la piel. Las más profundas son las que no dejan más que una purpúrea mancha en forma de flor, cargada de veneno entre sus pétalos.

Marta empieza a sonreír tímidamente cuando empieza a escribir la primera letra de su primer apellido... S…

—No más rejas invisibles capaces de dejarte casi sin respiración. No hacen falta muros para sentirse encarcelada, como si tus propias alas sucumbieran a la fuerza inexistente del alambre de espino.

Sin darse cuenta cada vez está más erguida sobre su silla, casi no siente la presión de sus dedos sobre el bolígrafo. Cinco letras y se acabó.

—No más sensación de fracaso, cuando tienes todo en tus manos para ser capaz de conseguirlo. Se acabó el poder de esa voz escupiendo palabras capaces de despojarte, capa a capa, de tu  propio ser dejándote el alma a un nivel más inferior que la propia tierra.

Al levantar los ojos del papel, Marta se siente totalmente diferente. Sin miedo, busca los ojos de Jaime, su ya ex marido y se asombra al comprobar que de repente le devuelve la mirada un extraño. No es capaz de reconocer en él ningún rasgo que le dijera que todo lo pasado hubiera tenido algún sentido.

Sin más se levanta y se dirige hacia la puerta con paso firme. Se para tan solo un segundo con la manivela entre los dedos y respira hondo. Al abrir la puerta siente que las lágrimas luchan por resbalar por su cara, pero esta vez tienen un significado diferente.  

¡Por fin se siente libre!”

Debajo de la sombrilla, Marta está tumbada tomando el sol, disfruta de un buen libro. La brisa del mar acaricia su pelo. Poco a poco está reconstruyendo lo que alguna vez llegó a ser. Es consciente de que no va a ser nada fácil, pero su fuerza cada vez es más grande; mientras la vida sigue surcando su propio camino sin mirar hacia atrás entre la marea de sombrillas. Sin tan siquiera perder el tiempo en ser consciente de su  propia existencia, ajena incluso a ella misma.


                                                                                                                          Beatriz Cáceres                                                                                                                                                                                                                                                                        

jueves, 19 de septiembre de 2013

QUIÉREME VIDA...






¿Qué quedará entre mis dedos?
cuando te marches...tristeza.
¿el aire será más puro?
¿Podré abrazarme sin
pisar sombras entre mis brazos?
Se...
 que ante mis ojos
se abrirá
el inmenso cielo azul...
Se...
 que sentiré que mi alma vuela...
y que seré capaz de bailar
sobre crestas de blanca espuma,
mirando directamente a los ojos
del miedo...
por que ya no asemejaran
oscuras cavernas,
donde se anidan entre harapos
de mi cuerpo... 
jirones de rotos sentimientos.
Tristeza...
Si te marchas...¿ que será de mi?
Mis pasos...
¿serán capaces de dejar huella?
o simplemente rozaré caminos,
donde mi propio rastro esquivo,
decida perderse ausente
de su destino.
Más...
lo que tu ignoras...
es que mis pies pisan descalzos
sobre lo que parece imposible,
que sienten voracidad,
por cada segundo de vida...
Y que mis oídos son capaces,
de enloquecer por el sonido
de mi propia risa...
rompiendo como cristales
los espejismos donde la soledad,
se afana en robar espacios...
Porque eso anhelo de la vida...
...simplemente que me quiera...
...no más que eso...
...quiéreme VIDA... 

                                                                                                                                                           






sábado, 14 de septiembre de 2013

ES MOMENTO...




Respiro...
Cierro los ojos,
la brisa suspira silencio.
Y los rayos juguetones
disfrutan su recorrido
por mi piel...
Es momento
de observar vida,
queriendo dejar en cada
parpadeo esculpida
la  imagen en mi retina.
Es momento
de sopesar pesares...
de tomar aliento
de las nubes blancas,
de sentir pasión
por cada respiración.
No sé quien soy,
si soy pétalo de rosa,
o gota de lluvia,
o simplemente una brizna
de césped que se desprende
del suelo soñando
con volar hacia arriba...
alto, tan alto como
mi cuerpo me deje.
Es momento...
de que las lágrimas
no sepan su color,
prendiendo de agua,
el mar de mi voluntad.
Y sigo cerrando los ojos...
respirando silencio,
disfrutando cada instante,
como si éste esquivara
mi boca...
sin tan siquiera querer rozar
la piel de mis labios...