martes, 22 de noviembre de 2011

UN PEQUEÑO RELATO. 10...MUNDO PERFECTO.









En un mundo perfecto...creado entre los dos. Sí...en un mundo perfecto.

Las aguas cristalinas emergían como espejo a los pies de su pequeña cabaña. Su vida parecía grabada en ella a golpe de pequeñas cinceladas sobre hielo azul,  como reflejo.

Ana y Jose decidieron un día alejarse de todo...Encontraron un precioso rincón entre montañas, buscando el sueño de poder vivir su amor.

Casi con sus propias manos construyeron su pequeña cabaña...Cada amanecer, los primeros rayos de sol se introducían, a través del cristal de la ventana, entre ellos dos; en su cama. Ana, se giraba en ese momento único para poder mirar a Jose...y  así en silencio, observándolo dormir, casi sin querer pestañear para no romper el momento; podía respirar su amor.

Le sorprendía tanta felicidad. No tenían nada que ver, el uno con el otro. Pero por alguna razón inexplicable era tan poderosa esa atracción que no necesitaban nada más.

Esa madrugada había nevado. Ana se levantó y encendió la chimenea. Jose como muchas otras veces se había levantado más temprano para ir a pescar...Se puso la bata y se dirigió a la cocina para preparar café. Con la taza de café ya en la mano se asomó a la ventana...

Un manto blanco se había apoderado del paisaje, hasta donde llegaba su vista...Sus pupilas se pararon en una imagen en el centro del lago...Se podía ver nítidamente la barca de Jose...vacía. Una punzada de temor le recorrió el pecho...Sólo el sonido de la taza al romperse en mil pedazos en el suelo, la devolvió a la realidad...

Se puso la chaqueta y las botas en un segundo, cogió el móvil y salió corriendo al exterior. Al abrir la puerta  el aire helado le cortó la respiración por un momento. Corría y marcaba a la vez pidiendo auxilio, sin parar de llamar a Jose...

Los ecos de sus gritos entre las montañas parecían jugarle una macabra repetición de su propia angustia...

En ese instante pudo empezar a oír el sonido de las aspas del helicóptero de rescate...Tras doce horas de búsqueda infructuosa el caso se dio por cerrado. El condicionante no era otro que una tormenta con ventisca...

Ana se quedó congelada en el  tiempo...No era capaz de marcharse de allí...Tenía la sensación de que Jose se había quedado atrapado en el hielo, como si fuese su propia tumba de cristal...para siempre. 


Un mes después...A quinientos kilómetros de allí...en una carretera cualquiera se produjo un accidente múltiple...En uno de los coches implicados, entre los hierros retorcidos y el humo, yacía Jose...junto a su mujer.