sábado, 14 de mayo de 2011

UN PEQUEÑO RELATO..7. UNO..DOS...TRES...

FOTO. GOOGLE.




Uno...dos...tres...
Sus manitas pueden percibir el frío metal a través de su infantil piel.

Con sorprendente rapidez, Aleksei, es capaz de montar un arma.
Ocho...nueve...diez.
Necesita ser de los primeros, ser el elegido. Hay es el día que todos esperan con verdadera ansiedad. Once...doce...trece...y catorce.
Son los segundos que necesita para hacerlo. No puede evitar sentirse orgulloso porque es de los primeros en el entrenamiento semanal en el colegio. 

No duda ni un segundo en hacerlo. Más tarde, si lo consigue, le llevaran a hacer pruebas con munición real. Su pequeño corazón no cabe en su pecho, para él es todo un honor. No siente ningún miedo. No le preocupa que el arma pese más que él, ni el dolor que pueda llegar a sufrir con el retroceso del disparo, que seguramente acabará tirándolo al suelo.
Aleksei tiene nueve años.

Un grito sordo le hace despertar de su sueño. Está empapado en sudor frío. Se incorpora con un movimiento rápido para poder recobrar el aliento. Una mano cálida se posa en su espalda. La mano de su mujer intentando tranquilizarlo. El pasado resurge una y otra vez, todas y cada una de las noches.

Un gélido escalofrío le recorre todo el cuerpo. Puede percibirlo tan real que siente que todavía está allí. En ese momento, con auténtica disciplina de soldado, comienza sus ejercicios de auto control. Despacio, suavemente, en cada respiración va encontrando el dominio sobre sí mismo.

Vuelve a tumbarse y se gira, Sonia duerme, y siente ternura al comprobar que lo ha consolado con un simple reflejo. Está acostumbrada. Aleksei, con la cabeza apoyada en el brazo que tiene sobre su almohada, la observa en silencio. Ella es la única razón por la que ha encontrado sentido, si alguna vez lo había tenido, a su vida.

Sus ojos se recrean en su imagen. Sus parpados cerrados.  Su preciosa y cálida piel. Su boca, que tiene el poder de traducirle de la forma más dulce, el sentimiento del amor. Su respiración, que en cada aliento puede borrar cualquier abominable sombra.

Con suavidad, le acaricia el hombro y su mirada se detiene en su mano, su propia mano. Una mano que ha sido capaz de matar sin contemplación. Sin en ningún momento pararse a preguntarse el porqué, que no ha tenido piedad ninguna en sesgar la vida de quien fuera, sin límites.
La cierra con tanta fuerza, que puede notar como sus uñas se clavan, rasgando su piel.

Unas pequeñas gotas de sangre empiezan a empapar la sábana y entonces, se levanta con mucho cuidado para no despertarla. Con pasos suaves, se dirige a la cocina. Su mente no consigue recobrar el color, le envía mensajes en blanco y negro, en blanco de gélida nieve. Puede hasta olerla; mientras que el sonido de ecos de unas voces que hablan en su idioma, retumban en su cabeza.
Desesperado, se lleva las manos a la cabeza para intentar aplacarlas.

Mientras que con movimientos mecánicos se dirige hacía el armario donde la tiene oculta.Hace mucho tiempo que no la coge y, por eso en ese momento, permanece unos instantes observándola antes de poner la caja sobre la mesa de la cocina y sentarse.

Uno...dos...tres...
Con una maniobra de extraordinaria rapidez, la monta.
Cuatro...cinco...seis...
La sujeta con la mano derecha.
Siete...ocho...nueve...
Una lágrima empieza a emerger de su lagrimal y resbala por la sudorosa piel de su rostro.
Once...doce...trece...y...

En ese momento, el ruido de unos pequeños pasos le hacen volver a la realidad y una preciosa cara con unos enormes ojos azules y somnolientos, se asoma por el marco de la puerta.

- Papi...no puedo dormir...tengo sed.

Catorce.