lunes, 18 de abril de 2011

UN PEQUEÑO RELATO. 4. AMAPOLAS NEGRAS...




Rayos de luna cortaban como cuchillo, las sombras muertas del callejón...

En el suelo...inerte...Su nívea piel, como suave alfombra destelleante, requería la atención a esos indolentes rayos de luna; para con su leve paso, deslumbrar en la insondable oscuridad...
Una oscuridad rendida ante la belleza... perdida entre los eternos dibujos de mundos plagados de flores muertas. De senderos sin caminos...Donde un día Isabel, se perdió y jamás regresó...
La muerte la deseaba...!cómo la deseaba!. Una eternidad entera.. esperándola. Con verdadero afán, limpiando y manteniendo perfecta la guadaña, esperando el momento de poder romper su hilo de vida, de poder enlazarla; atraerla hacía su inerte abismo..
Desde el primer latido, desde el primer vaivén de sus pestañas, al querer abrir los ojos por primera vez...la amó...
Isabel nunca supo que era aquel halo que la envolvía. Lo podía sentir en cada aliento de vida respirado, en cada paso sellado...
No tuvo suerte en el amor...tampoco sentía amor por la vida. Con verdadero delirio, sucumbió en un torbellino de frenesí de emociones...Lo probó todo... en un intento inútil de escapar de la realidad. 
Una realidad que la había dejado huérfana de sentimientos. Entre casas y casas de acogida. Teniendo que convivir con personas totalmente ajenas a ella. Personas que no entendían su lenguaje corporal, ni se molestaban en hacerlo. Sólo veían a su persona...como carne de presa...No ahondaban más allá...
Isabel embebida de su propia rabia, generó más caldo de aversión..No le importaban los golpes, los abusos, las transgresiones...no le importaban nada...
Descubrió la llave que habría la puerta para salir de todo eso...Y a la vez que tatuaba su cuerpo por fuera, lo hacía por dentro...a través de sus venas...Gota a gota, sin compasión hacía sí misma...dibujaba en cada una de sus venas, con el dulce veneno de la evasión...amapolas negras muertas.
Cada vez le costaba más volver de cada viaje.
Ante sus ojos se desparramaba una realidad alternativa, que la acogía. En su enajenación, podía sentir que unos brazos la rodeaban con verdadero amor. Podía sentirse flotando en un espacio como hecho a su medida..
Allí tirada, en el suelo de ese callejón; pudo sentir como se le escapaba la vida. Sentir los pasos cercanos de la muerte...notar su presencia.
Una última lágrima resbaló por sus mejillas. Con la luz de luna pareció una pequeña estrella fugaz. Por primera vez, su corazón sintió...amor.
La muerte, de rodillas ante ella, la acarició. Estaba feliz, por que por fin era suya...para toda la eternidad.