viernes, 8 de abril de 2011

UN PEQUEÑO RELATO.3.......ALAS DE MARIPOSA.









Como ala de mariposa...respira...suave..frágil.

María es feliz en su universo particular...Allí en su rincón especial se siente un ser único, rodeado de la más sublime de las bellezas. Le encanta adentrarse con pasos suaves en su interior. Ante sus ojos se desparrama  la más sutil de las criaturas. Regalandole, sin más, el momento único de la apertura de su crisálida. Desplegando, ante ella, como abanico; un arco iris de etéreos colores.
Allí de pie, en el centro, descalza...es feliz. Su sonrisa, le nace espontánea. Le encanta verlas revolotear a su alrededor. Se posan en sus brazos, su cara, su pelo...La acarician, con verdadero amor...Ella se deja querer. El tiempo, ausente de su propio pulso, se para...Las manecillas, ante esa visión, se olvidan de su movimiento; como no queriendo romper ese instante mágico...

A su alrededor la vida sigue su latido. Nadie encuentra una razón para su estado. Una mujer que lo tiene todo para poder desarrollarse dentro de la normalidad. Es inteligente, sana, guapa...con una familia que la adora...Pero María está en otro mundo..Como si alguna pieza interior se hubiera salido de su mecanismo, se le hubiera desajustado.
Hasta los nueve años fue una niña totalmente normal. Feliz. Con sus risas, sus juegos, sus travesuras...Nadie se explica, de su entorno, por qué todo eso cambió y en qué momento.
Nadie sabe en qué momento, su frágil alma de niña, se hizo trizas...Lo guarda ella en su interior, como el tesoro mejor guardado en toda la historia del universo.
Un tesoro que tiene mil llaves desparramadas por toda la tierra. Ocultas en recónditas cavernas dentro de su mente, imposibles de localizar por ningún iris humano...

Como tantas tardes, al volver del cole, María se quedó en casa jugando. Le encantaba jugar en la habitación de sus hermanos...Su madre, como otras muchas veces, estaba en el hospital; por su enfermedad. Así que María para no sentir esa nostalgia, ese vacío insondable; se puso a jugar. Era su manera, con su mente de niña, de evadirse de una realidad cruel y devastadora.
Estaba totalmente absorta en sus juegos, cuando se abrió la puerta. Era su padre que volvía del trabajo. Ella corrió para darle su beso...Entonces, su padre la abrazó. Lo necesitaba. Necesitaba sentir calidez, amor...
Pero esos brazos la asfixiaban. Notó como la envolvían dos brazos articulados de hierro. Forjados con un fuego despiadado, que no reconoce sentimientos; ni el olor de su propia sangre. 
El diablo restregó su cara, por su infantil cuerpecito. Le enseñó el brillo de sus ojos. Y entonces, su mente de niña, recordó que esos brazos nunca la habían abrazado. En su ingenuidad, había caído en su trampa. Cuando consiguió soltarse, algo en ella se rompió en mil pedazos...Nada volvió a ser igual...

María oye las voces de su alrededor pidiéndole que vuelva...Puede oír su eco, como en un susurro. No entiende por qué sufren tanto, cuando ella es tan feliz...
Adora a las mariposas. Notar el roce de sus alas en su piel, sentir su amor...La llenan de vida...