martes, 5 de abril de 2011

UN PEQUEÑO RELATO.2.... FRÍO DE HIELO







Abrió los ojos...

Sus manos se aferraban, rígidas, agarrotadas...Como zarpa de bestia, al mango del cuchillo.
Entre sollozos, jadeante...Su mente la había arrastrado hasta el límite del delirio. Con una fuerza desconocida para ella, sacó el cuchillo de esa carne...Todavía caliente, húmeda y palpitante...
Esa carne que la había hecho descubrir la parte más oscura de su alma. La afilada hoja, como de hielo; había despertado en ella los demonios que habitaban en su averno...
Con los ojos fijos en ese halo metálico, salpicado de sangre...dirigió sus pasos al baño. Como un imán, el espejo, delante de ella; le reclamaba su mirada. Los clavó allí, en su imagen...
Marina pudo ver que su sombra reflejada en la pared, era oscura; tan oscura como el azabache...Su cara, desconocida para ella, desde hacía tiempo...era una máscara; sin gesto alguno. El único rastro de vida, lo tenían sus ojos. Brillaban como dos piedras de jade, con vida propia; en un desierto inanimado.
Sintió que todo quedaba atrás, mientras se limpiaba la cara y las manos; salpicadas con la sangre de Antonio... Esa sangre que la había tenido atrapada..
No podía entender, como su amor, la había empujado hasta ese extremo. Por él lo había dejado todo...hasta a sí misma...
Se desnudó para meterse en la ducha...Su cuerpo entero, estaba tatuado con flores purpureas. Antonio se había encargado, durante años de que no se le borrara ninguna. Para él eran como trofeos de su poder sobre ella...Se sentía orgulloso de su obra, dolorosamente ejecutada a fuerza de golpes... 
Bajo el agua, apoyada en la pared no podía dejar de llorar...Su cara le dolía, hacía tanto tiempo que le dolía al intentar hacer cualquier mínimo gesto, que ya ni se acordaba de la sensación de una simple sonrisa. Por él, porque él la quisiera, se había sometido a un sin fin de operaciones estéticas. Hasta tal punto, que había llegado un momento en que no quería mirarse en ningún reflejo.
A medio secar, volvió otra vez al salón. Antonio permanecía en la misma posición, no se había movido. Allí tirado en el suelo, con un charco de sangre a su alrededor; no parecía más que un despojo humano. Había perdido todo su poder. La sombra del miedo se había esfumado...
Sintió que se lo había arrebatado todo, mirándole directamente a esos ojos inertes.Se sentó en el sofá y encendió un cigarrillo...Poco a poco, de un pequeño resquicio, en su interior empezó a emerger una cálida sensación...Entre bocanada y bocanada de humo, empezó a sentirse libre...
Sin alterarse cogió el teléfono y marcó el numero de la policía. 

- Hola...Me llamo Marina Pérez...Acabo de matar a mi marido...