viernes, 14 de enero de 2011

RECUERDOS DE MI NIÑEZ. MI ANDALUCIA. PARTE 2

Hablando del cielo, es increíble como en el sur por la noche esta cuajado de estrellas, no hay ni un trocito de cielo vacio, millones y millones de estrellas brillando de todos los tamaños, era impresionante. Nosotros solíamos sentarnos en la acera a jugar y era como un imán, no podíamos parar de mirarlo. Algunas veces alguien se sacaba un radiocasette y poníamos sevillanas....Mi amiga Beli se empeñó en que yo las aprendiera, y había que vernos a todos en la calle bailando, no nos cansaba nada. Mi abuela cuando ya se cansaba de oirnos me mandaba a la cama, y era curioso ya acostadas, lo que mas le gustaba era que le cantara sevillanas, pobre que paciencia.

Por las mañanas venía el panadero con su furgón a traer el pan, que ricas estaban esas tostadas de mantequilla colorá, con el pan recién hecho. En frente de la casa, tenía una tienda el primo Manolo, ni puedo contar las veces que iba y venía de la tienda, de lo que mas me acuerdo es de los tomates; eran increíbles, no he vuelto a comer tomates como aquellos, eran una delicia.
Entonces todavía existía el afilador, llenaba las calles con su música, habían muchas vecinas que lo llamaban cantando; aquella es una tierra de cantaores, se cantaba por todo.
Es verdad cuando dicen que andalucía te embruja, tiene el embrujo en el aire, allí está en todo.

RECUERDOS DE MI NIÑEZ. MI ANDALUCIA. PARTE 1

Sólo tengo que cerrar los ojos y en un segundo me transporto en el tiempo.....La vida me ha dado muchos regalos, pero con el tiempo aprendes sorprendentemente a valorarlos. Lo primero que se me viene a la cabeza es el olor....un aroma especial de jazmines, mejorana,hiervabuena, galan de noche; una mezcla especial que se puede oler en todo el pueblo, una mezcla que despierta tus sentidos. Tuve la oportunidad de pasar algunos veranos en Cádiz, en un pequeño pueblo cerca de la Línea de la Concepción, en Campamento. Mi abuela vivía alli. Era un pueblo pequeño, bueno muy pequeño situado en plena bahía, de calles llenas de casa blancas con ventanas verdes; de suelo todavía en muchas adoquinado.
Con una plaza que a mi me parecía enorme con el suelo con losetas como las de un tablero de ajedrez. Allí pasabamos las tardes jugando, todo el grupo de amigos, que eramos muchos.
Es sorprendente la fuerza que tiene la tierra sobre uno mismo, como puede ser que tenga tanto poder sobre mi. Campamento estaba cerca de unas refinerias, las de Puente Mayorga, y por las mañanas sólo tenías que salir y mirar la dirección del humo que salía por esa enorme chimenea para saber si te podías bañar, este truco me lo enseñó mi abuela. Si estaba recto hacía arriba era levante, esto significaba que la playa estaba tranquila como un plato y te podías bañar hasta que te cansaras; pero si estaba hacia un lado significaba que era poniente y la playa estaría revuelta, dado la cercania al estrecho de Gibraltar había que pensarselo. Esos días los pasaba con mi abuela y mis amigos.
La casa de mi abuela era un mundo sin puertas, la unica que existía era la de la entrada...En el interior cada estancia se separaba por cortinas. Lo que mas recuerdo era la cocina, era en blanco y verde como no, con sus armarios con cortinas de cuquillo a cuadros blancos y verdes; y en la pared colgados utensilios de cocina de cobre. Había mucho cobre en esas cocinas, una costumbre muy de allí. Las casas olían a té, muy normal estando tan cerca de Gibraltar y de Ceuta, el té era una parte importante de las gentes de allí; pero recuerdo especialmente el molinillo de café, es como si la estuviera viendo echar los granos de café y empezar a girar la  manivela del molinillo....toda la casa olía a café, me encantaba. Como mi abuela era una persona paciente como pocas conseguí que me enseñara, era como un ritual, para mi aquél molinillo era mágico
Normalmente las casas tenían un patio enorme lleno de tiestos de macetas, daba igual que fueran de barro cocido o simplemente de una lata grande de aceitunas, habían patios que eran auténticas obras de arte. El patio de mi abuela era pequeño, tan pequeño que para ducharme sacaba una palangana metálica que tenía la ponía en el centro y ya no cabía nadie; y allí me duchaba, tenía como techo el cielo, un cielo de un azul intenso, un azul diferente......