viernes, 18 de marzo de 2011

DIVAGANDO 7.



No puedo dejar de reconocer que es curioso...
Las primeras dos o tres veces que me pasó, pensé que sólo era eso...una casualidad. Pero pasado el tiempo y viendo que la circunstancia se repite, me está dando que pensar.
No sé si será por una combinación de leyes divinas, por la posición de las estrellas o quiera yo saber. Lo cierto es que siempre me sucede de la misma manera...
Siempre es dentro del coche. Normalmente parada en un semáforo, stop o paso de cebra; da igual, es indiferente. El caso es que estoy ahí sentada, sumida en mis pensamientos, cuando de repente me tocan la ventanilla. Y giro mi vista y me encuentro que me la devuelve una persona mayor, anciana...
- ¿Te importaría llevarme?, nena...
A continuación sin pensárselo, con una velocidad para mi bastante impresionante, se me sienta en el asiento de atrás.
Y yo sonrió. No se por qué, pero lo hago. 
Ayer por la tarde, me pilló cuando iba al cole a por mi hijo. La verdad es que tenía bastante prisa. Pero la señora en cuestión, entró y se sentó.
Ajusté el espejo retrovisor para poderla observar, mientras le preguntaba hacia donde tenía que llevarla. Sin salir de mi asombro, por supuesto...
El espejo me devolvía una imagen de años muchos años vividos...Ahí sentada con su pañuelo alrededor del cuello, el bolso ( de esos rígidos) en el regazo, con las dos manos agarrándolo. Levantando una y meciéndose el pelo con un toque de coquetería intemporal...
Me dio la dirección y tras darme las gracias repetidamente, la señora en cuestión empezó a contarme su vida.
Un resumen totalmente compacto, como si ya tuviera un guión escrito y preparado. 
Unas veces son historias emocionantes y divertidas...otras sin embargo son absolutamente desgarradoras.
Y yo me encuentro ahí, recorriendo las calles...que por cierto, no sé si ya he comentado algo sobre mi despiste; vivo aquí hace más de treinta años y todavía no me sé el nombre de muchas de ellas...je je je. !Soy así, no tengo remedio!...
Al fin, tras algunas vueltas innecesarias, consigo encontrar donde es. La señora, que en ningún momento le ha dado pausa a su historia, de repente se calla y me mira...
- Gracias por todo, has sido muy amable. !Que Dios te lo pague!, corazón.- me dice, mirándome directamente a los ojos. Me da un suave toque en el hombro y se baja, cerrando la puerta tras ella y marchándose.
Y yo me quedo unos segundos ahí, parada. Notando el rastro de su colonia...que me recuerda al olor a polvos de talco, que se queda como sello de recuerdo; en el interior del coche...
Sinceramente no sé cuantas veces me ha pasado, no llevo la cuenta. Pero me da mucho que pensar...